Promesa incumplida.
He dejado de escribir aquí. Porque puedo hablarte y decirte lo que quiera, cuando quiera, las veces que quiera.
Pero hoy no ha resultado
todo como lo había planeado. Hace exactamente diez años, mientras te extrañaba
ferozmente, hice una promesa: que ya no habría nunca más un 27 de marzo en el
que no te bese. Y trabajé en ese objetivo, que fue rector, que fue prioritario,
que en principio, era el único. Mantuve esa promesa año tras año, viajando
aunque sea en el día para tomarte de la mano y darte el beso que me había
prometido. Hasta hoy, que la inmensidad de este cisne negro, este evento
impensado, me obliga a no poder cumplir esa promesa autoimpuesta.
Así que hoy no podré
besarte. Ni podremos fundirnos en el abrazo que nos damos al llegar. Tampoco ir
de pizzas a la Bodeguita o pelotear en la rambla. No iremos a comprar juntos tu
regalo, ni al Liceo, ni me pasearás en moto por las calles empedradas, algo que
mi coxis agradece. No podré decirte en persona lo que te quiero, cuánto te
extraño, cuánto te necesito, que sos mi vida, mi orgullo y mi destino.
Tanta incertidumbre,
tanta muerte que ronda, tornan injustas o desproporcionadas las lágrimas que brotan mientras esto
escribo. Pero no puedo evitarlo. Es una muestra de egoísmo que merece cierta
indulgencia.
Feliz cumpleaños
Juana, mi amor. Ya volverán los besos y los abrazos. Papá te ama tanto, tanto…

Comentarios
Publicar un comentario