No llores
Estaba tratando por vez enésima de realizar una pirueta sobre su skate, cuando el envión la depositó directamente en mis brazos. Y ahí sentí ganas de no dejarla ir, de apretarla contra mi pecho y no soltarla nunca. Me estremecí sólo de pensar en el día siguiente, y una lágrima hizo su inoportuna aparición. - Que te pasa, estas llorando? - Un poco. Es que mañana te vas, y voy a extrañarte mucho. Me agarró la cara con ambas manos y mirándome fijamente a los ojos, dijo: - Ojitos verdes. No tenés que llorar. Ya no sos un bebé, tá? Me soltó los cachetes. Tomó la patineta entre sus manos. Y volvió a intentarlo.